Procrastinación (II)

Visto el éxito de del anterior post sobre procrastinación, me he animado a ahondar algo más sobre el asunto. Si bien en un principio me hacía gracia la palabrita, si rascamos sobre la superficie, encontramos un tema actual y candente, una cruda realidad de estos tiempos que corren.

Además, la viñeta de Dilbert que acompaña este post no tiene desperdicio.

Es bien conocido que estos días se habla mucho de que la cultura de internet, twitter, facebook, blogging, etc., parece que está provocando que tengamos déficit de atención, que seamos incapaces de concentrarnos en un tema por tiempo suficiente hasta su resolución, o al menos hasta que tengamos un grado de análisis suficiente para continuarlo posteriormente. Las consecuencias, pueden ser pues:
  • baja productividad en nuestros proyectos y tareas
  • baja calidad en los resultados
¿Cuáles son las causas?
  • Psicológicamente, mostramos cierta resistencia a fijar objetivos, o al menos, nos cuesta afrontar la evaluación de su necesidad y la decisión de llevarlos a cabo.
  • Cuando lo hacemos, no ponemos los medios adecuados hasta su resolución. Como leí hace tiempo en una cita relativa a los malos managers: “el mal manager es el que mantiene los recursos alejados de los objetivos”.
  • No somos coherentes a la hora de decidir “qué es importante” y “qué es urgente”.
  • Usar el placer como brújula, dando satisfacción a nuestros deseos inmediatos, en lugar de realizar las tareas que por otra parte, ¡ya teníamos planificadas y priorizadas!
¿Cuáles son los resultados?
  • “Mañana me pongo”. Vamos, fijo que me pongo. Pero segurísimo.
  • Uf, como evitar entrar a comentar fotos de gatitos en Facebook, cuando el informe mensual de resultados de xxxxx lo puedo hacer mañana.
  • Autosabotaje. Somos nuestros peores enemigos. Todos los años vuelta a los mismos objetivos de mejorar el inglés, ir al gimnasio, bla, bla, bla. Y antes de volvernos a poner los mismos objetivos, no nos paramos a analizar las causas de que no se hayan llevado a cabo.
  • etc, etc y etc otra vez.
¿Qué acciones podemos tomar para evitarla?
  • Olvida los detalles. Lo imperfecto es bueno. Utiliza la regla de Pareto: aplica el 20% de esfuerzo, para lograr el 80% del resultado. Normalmente será suficiente. En el caso del desarrollo de software, asegúrate que no estás creando requisitos artificialmente, o que el nivel de calidad es al menos el estrictamente acordado. A partir de ahí, hay que hacer un balance entre lo necesario y lo deseado.
  • Acepta lo planificado. No lo consideres una obligación. Acostúmbrate a disfrutar con lo que haces, ya que si no es así, el subconsciente se encargará de encontrar otra tarea que sí te haga disfrutar, y actuará de potente imán. Lo peor de todo es que llegamos al autoengaño, aceptando tareas de disfrute como planificadas, y eso no debemos permitirlo.
  • Asegúrate que entre tus actividades, hay actividades que te gusten. Pueden estar dentro o fuera del trabajo, pero asegúrate que están ahí. Planifica el ocio, de forma que se alterne en tu vida con el trabajo (el trabajo planificado y necesario).
  • Analiza las tareas que emprendas. Cada vez que emprendas una nueva acción plantéate: ¿estaba planificada? ¿la estás haciendo en el tiempo en que tenías ya algo planificado?
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