Fauna laboral: el protegido

Dilbert-El-protegido

Hay quien lo llama enchufado, pero yo prefiero llamarlo el protegido. Después de todo, lo de enchufado es poco significativo, y por protegido entiendo que nos referimos al individuo que está liberado de marrones, no tiene que trabajar ni hacer nada salvo las peticiones especiales que su jefe le diga directamente. Cuando surge algo urgente o especialmente delicado, el protegido desaparece, hace su “mutis por el foro”, y de hecho suele estar ilocalizable.

El término enchufado, además suele utilizarse para “el hijo de…” o “familiar de…”, lo cual es inexacto.

Estos individuos los he podido observar en alguna de mis anteriores empresas, y existen diversas técnicas de actuación recomendables:

  • Estar cerca de ellos. Esta técnica intenta buscar que al estar junto a un protegido, estemos liberados de marrones, tareas infames de última hora, y proyectos imposibles. Por desgracia, los marrones que deberían ser responsabilidad de un protegido, pueden caer en sus alrededores. Es como si algo que sería responsabilidad natural de una persona, debiera de caer inherentemente en su área de actuación. No nos equivoquemos, el protegido estará ahí (no está muy lejos) para recoger los méritos y los laureles del triunfo.
  • Estar lejos de ellos. Esta técnica intenta evitar que los marrones nos salpiquen por cercanía de un protegido. Con suerte, podremos estar en un proyecto lo suficientemente complejo y alejado que haga que no se acuerden de nosotros. Sin embargo, esta técnica tiene también sus problemas, ya que los marrones tienden a caer lejos de los protegidos.

¿Cómo suele actuar el protegido?

  • Animal social. Se sabe protegido, por lo que da prioridad a las relaciones públicas, las sonrisas y los cafés. Su hábitat natural está junto a la máquina del café, aunque los más peligrosos son los que saben alternarlo con su puesto de trabajo, simulando una actividad febril.
  • Acompaña siempre a su protector. Sin él, no es nada y lo sabe. Sus actividades requieren de la constante supervisión y conformidad de su protector.
  • Rendimiento. Rinde lo menos posible, aunque lo verás teclear como si tuviera la enfermedad de Párkinson en cada uno de sus dedos.
  • Sólo le preocupa su marca personal. Esta característica la comparte con el trepa. Por supuesto, hay protegidos pasotas, pero rara vez mancharán su imagen profesional.
  • Transparencia. Simplemente, carece de ella. El protegido se limita a realizar las tareas oscuras y secretas que su jefe (o el jefe que los ha acogido bajo “su protección”) les ha encargado. Nunca sabrás qué hacen, ni para qué. Eso sí, todo será super-importante y muy urgente. Aunque todos sabemos que no es así, ya que de serlo, sería un marrón, que por definición, no les es nunca asignados a  los protegidos.
  • Actividad: el protegido está continuamente preparándose. Y me diréis, ¿normal, no? Pues no tanto, ya que como el protegido tiene mucho tiempo libre, suele estar preparándose para formarse (algún día puede que tenga que demostrar que sabe hacer algo) y para promover su marca personal.

Y tú, ¿conoces a algún protegido?

 

 

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