Habilidades vs títulos (episodio 2)

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Si hace poco hablába de la titulitis en el artículo “Habilidades vs títulos” (que ahora deberé renombrar añadiéndole “episodio 1”), ahora va el jefe de Recursos Humanos de Google y suelta la frase: “el expediente académico no sirve para nada“.

Y es que nos pongamos a la defensiva o no, se está demostrando cada día más que la postura de “yo valgo porque mi título es tal o cual”, ha muerto, y debería considerarse una postura conformista y obsoleta.

Por desgracia, todo cambia, y debemos adaptarnos. Ya nunca más el tener un título va a suponer una ventaja absoluta, y debemos mirar con otros ojos (y con el debido respeto profesional), a los que han elegido otras vías de formación. Debemos valorar por capacidades, no por títulos.

Tal y como afirma el jefe de RRHH de Google, lo que se enseña en la universidad es muy distinto de lo que se necesita en el mundo laboral. La paradoja, tal y como desarrolla en el artículo, es que la universidad enseña…a superar la universidad. Del mismo modo que el hacer muchos Test Psicológicos entrena a superarlos (no necesariamente desarrolla el intelecto, aunque aparentemente los resultados de tus test sean exponencialmente mejores). De ahí se deduce que una persona que saca muy buena puntuación en un test…sólo significa eso y nada más. Para resolver problemas reales…hay que enfrentarse a problemas reales.

En el artículo, es curioso como una de las preguntas favoritas del jefe de RRHH de Google es “Dame un ejemplo de cómo resolviste un problema analítico difícil”. Aquí empieza a verse la luz valorando la experiencia, al mismo tiempo que una mente inteligente.

 

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La oportunidad de los becarios

La oportunidad de los becarios.

Se supone que los becarios se quedan a solas en verano: al frente del trabajo, ya que el resto de trabajadores (no becarios), han cogido todos vacaciones. Y claro, a los únicos que no les dejan coger vacaciones son a “los últimos en llegar”.
Esto, que acabo de leer en un conocido suplemento dominical de prensa, es un mito, y en cualquier caso no siempre es así. Los becarios exigen tiempo y esfuerzo para desarrollar sus capacidades, pero…¿realmente les estamos dando lo que necesitan para brillar?

La presión.

La presión suele ser el primer escollo. Siente que le vigilan, que le están evaluando de forma constante. El truco está en verlo como una motivación, una oportunidad.
Es una fuente de aprendizaje. La beca es así, y con ello, hemos de verlo en positivo. Salvo que estemos en una de esas empresas en las que los becarios se limitan a llevar cafés (por suerte, en mi empresa jamás he visto eso a un becario).
La presión hay que volverla en nuestro favor, que nos motive y nos dirija, no que nos bloquee y nos impida llegar a nuestros objetivos.
Otra forma de aliviar la presión es mediante  un tutor. En mi empresa existe la figura del counsellor, que viene a ser lo mismo. Y si bien es una gran idea, el problema viene dado cuando el tutor no se toma su trabajo en serio.

Cuando el tutor no dedica el necesario tiempo al becario.

El tutor no está para decir al becario lo que tiene que hacer. O al menos no de una forma paternalista. Debe guiar al becario impidiendo que cometa errores demasiado graves. Pero el aprendizaje incluye equivocarse. Cometer pequeños errores controlados. Aquí es donde el tutor entra en acción en su doble objetivo: que el becario aprenda, pero que la empresa no corra peligro.
La libertad del becario ha de ser proporcional a su responsabilidad: es decir, limitada. Pero no tan limitada que no pueda explorar su espacio y cometer esos pequeños errores controlados por su tutor.

Comportamientos a evitar

A continuación, revisamos algunos comportamientos a evitar por parte del becario:

  • Individualismo. El excesivo individualismo, y el hambre de prosperar en la empresa, son explotadas por algunas empresas. Por desgracia, a medio y largo plazo los resultados suelen ser nefastos para la empresa. A veces, incluso a corto plazo.
  • Impuntualidad. Aunque es complicado, es bueno combinar respeto y disciplina. Entrar a trabajar cinco minutos antes. Nunca después. Y nunca salir de trabajar antes de la hora, pero tampoco es necesario quedarse a trabajar  porque sí. Algún día revisaremos este punto en profundidad.
  • Pereza. La pereza es terrible. El no empezar las tareas inmediatamente, el postergar lo importante por lo urgente.
  • Problemático. Es una buena práctica el evitar problemas y confrontaciones. La energía generada en situaciones de conflicto está para ser utilizada a nuestro favor, no para embarcarse en disputas nimias que no van a resolver nada.
  • Competitivo. La competitividad es buena, pero ha de ser una cualidad secundaria. No es bueno en general presentarse cada mañana pensando en “superar a éste” o “ser más que aquél”. Sí es bueno marcarse metas, pero no es bueno dichas metas pasen por ser más que otros. Porque al final, el camino fácil se presenta: si no puedo ser mejor que los demás…quizás sea hora de hacer que los demás sean peor que yo (y aquí es donde la zancadilla fácil, el extender falsas afirmaciones, etc., hacen que el competitivo haga su agosto).
  • Pelota. El pelota prefiere halagar en todo momento a sus superiores, o a cualquiera de quien pueda sacar provecho. Suele estar relacionado con un espíritu individualista y competitivo.
  • Arrogancia. La arrogancia es uno de los peores males. A pesar de parecer menos agresiva que la competitividad o el individualismo, la arrogancia es difícil de erradicar. Está basada en una creencia profunda en las propias capacidades, y por desgracia, no suele estar alineada con la realidad. Cuántos recién titulados me he encontrado que se creían los reyes del mundo, dueños de la absoluta verdad, e incapaces de dialogar y llegar al mínimo consenso. Su título universitario les convierte en Dioses, o ellos así lo creen. Y por desgracia, yo hace muchos años que aprendí que mi título no está para esgrimirlo en absurdas disputas. El título está para dar soporte a la curiosidad, al esfuerzo, y a la capacidad de ir más allá de las apariencias. Capacidad de aprender, porque más que nos pese, no llegamos el primer día de trabajo con  todo aprendido.

Comportamientos a seguir.

  • Aprender
  • Jugar en equipo.
  • Respeto.
  • Atrevimiento.
  • Planificación.
  • Organización.
  • Socialización: conseguir contactos y establecer relaciones.
  • Disfrutar.

Sí: disfrutar. Disfruta, suéltate y siéntete cómodo. Que no parezca que estés ahí cada día por un sueldo miserable. Madruga. Llega pronto. Haz las cosas con ilusión. Contagia esa ilusión. Yo personalmente prefiero a gente ilusionada, antes que a un crack, al típico fenómeno tecnológico en cualquier tema pero que lo hace con desgana. Y la desgana se contagia. Y esa desgana se ve en la documentación, en el código…

Y tú, ¿cómo prefieres llevar tu beca?

Fuente: este artículo está inspirado en un artículo que leí hace un tiempo en el periódico dominical de La Vanguardia.

El necesario estrés

Hablando el otro día con un compañero de trabajo, me contaba una interesante metáfora.

Había un pescador que pescaba atunes, pero los tiburones diezmaron la pesca. Y para evitar arruinarse, tuvo una gran idea. Decidió crear una piscifactoría, criar los atunes en cautividad, y venderlos para así obtener grandes beneficios. Pronto se dio cuenta de que los atunes no se vendían tanto como él pensaba. El motivo era que tenían demasiada grasa. En cautividad, los atunes se criaban gordos, y no tenían un incentivo que les hiciese hacer ejercicio.

Recordando cómo era la pesca en el mar, pensó que los atunes libres se crian con un sabor perfecto, y hacen mucho ejercicio porque deben sobrevivir. Así que decidió traer un tiburón y soltarlo en la piscifactoría. Pronto, los atunes ganaron en calidad, mejoraron su sabor, y se criaron más sanos y produciendo unas mejores ventas. Incluso considerando las pérdidas producidas por el ataque del tiburón, merecía la pena.

Al final, el motivo era la introducción de un nivel de estrés pequeño, pero suficiente para que los atunes se vieran en la necesidad de sobrevivir, criarse ágiles y sanos.

Al final, la moraleja que comentaba con este compañero es clara: un poco de estrés es bueno. Sin un incentivo, sin la adecuada presión…la gente se relaja. Y demasiada relajación, no nos lleva a los éxitos, ni provoca que la gente se estimule en mejorar su código, su planificación, sus pruebas…

Al final, PON UN POCO DE ESTRES EN TU VIDA. ¿Pero sin pasarse, eh?

¿Todavía quieres ser programador?

Hace cosa de un mes, estaba leyendo uno de mis blogs favoritos. Jeff Atwood es todo un elemento, una figura reconocida en la red. Y sin embargo, consiguió sorprenderme (otra vez). Y no es porque no sea un tema conocido y de candente actualidad. Me gustó su enfoque. Y es que como tantas otras ocasiones, Jeff daba en el clavo.

Yo, personalmente, me ocupo de recibir y guiar en su inicio a las nuevas incorporaciones que suelen llegar a mi oficina. Es algo esporádico, y que no suele gustar a mis compañeros. Bueno, en nuestro entorno, es difícil encontrar a gente que en general les guste hablar en público. Pero sigamos. A esas nuevas incorporaciones, les trato de contar brevemente lo que pueden necesitar, sobre la empresa y nuestro sector. Pero también me encuentro muchas veces (y no sólo en mi empresa actual, sino más bien en todas), programadores que no tienen claro cuál es su futuro.

Normalmente, todos tienen claro que quieren más en su futuro laboral: más dinero, más categoría profesional…Pero no tienen claro cómo es el negocio del desarrollo de software y la programación, y por tanto, tienen dudas. El mundo del cine, prensa y televisión nos vende como un negocio lleno de oportunidades, con gran cantidad de puestos de trabajo, y porqué no…¡guay!

Pero los jóvenes que llegan a trabajar recién licenciados, empiezan una carrera como informática, o incluso otras diferentes como matemáticas o físicas. Y me da la sensación de que no tienen claro en qué se han metido. Y no me refiero a que sea malo. Simplemente, que al ser una profesión nueva y en constante evolución, creo que no hay información realista disponible sobre el sector, enfocada a los pre-universitarios. O incluso a los universitarios.

Normalmente, en este sector, los recién titulados empiezan programando. Simplemente porque hay mucha más oferta en programación en por ejemplo … administración de sistemas o diseño de circuitos.

El problema, es que la programación no tiene porqué gustar a dichos recién titulados. Y se nota en las preguntas que hago del tipo:

  • ¿Sabes qué es un ciclo de vida?
  • ¿Has oido hablar de la ingeniería del software?
  • ¿Cuántos tipos de pruebas conoces?
  • ¿Has automatizado pruebas funcionales?
  • ¿Has programado en algún lenguaje?

Y por desgracia, las respuestas son decepcionantes. Y seguid sentados los que defendéis que tan sólo deben programar informáticos, y que el intrusismo por aquí, y que el resto no saben programar, y bla bla bla. Digo seguid sentados, porque las respuestas son igualmente decepcionantes para los que vienen de carreras como informática (técnica o superior). No digo que la universidad no sirva para nada. Digo simplemente, que hay una brecha significativa entre lo que prepara la universidad, y la realidad de las empresas y el mercado.

Y aquí es donde viene la pregunta. ¿De verdad te gusta programar? ¿Quieres ser programador? Porque te tiene que gustar. Porque lo tienes que disfrutar. Y porque de esa manera es como puedes mantenerte actualizado, y sobrevivir a proyecto tras proyecto (y empresa tras empresa).

Jeff Atwood va un poco más allá en su blog, y plantea una pregunta con trampa: “¿Todavía quieres ser programador?“. Y es que Jeff plantea que por desgracia, hay que tener en cuenta que esta profesión, no todo el mundo es capaz de aguantarla toda su vida. ¿Quieres seguir siendo programador a los 30…40…50…60? Alguno comentará que no hay problema, que a los 2 o 3 años te hacen analista, y en otros tantos, jefe de proyecto. Sí…claro. Y yo soy Mickey Mouse.

En esta profesión, como en muchas otras, no todo el mundo puede ascender para siempre de forma continuada. La carrera profesional está ahí, pero cada 100 nuevos recién titulados no pueden ser mañana 100 jefes de proyecto. No es posible. Así que hay que prepararse en nuestro sector para una pregunta clave, que Jeff sabe plantear en su blog con acierto: “¿Todavía quieres ser programador?”. Porque a cierta edad (no hablo de 40 o 50 años, sino mucho antes), la ganancia en productividad de la experiencia, se ve contrarrestada por otros factores. Y no nos engañemos, hay gente que simplemente, no tiene esa pasión y esas ganas de investigar y estar al día: volver de trabajar tras una jornada agotadora y ponerse a leer lo último (lenguaje, herramienta, metodología, etc.), probarlo, etc, etc.

Hay muchas posibilidades en nuestro sector, pero hay que saber moverse. Hay muchas posibilidades en las que aplicar nuestro conocimiento adquirido tras años y años programando, y disfrutando (o sufriendo) en múltiples proyectos y en múltiples empresas y clientes. Tanto si en el fondo no te gusta tanto programar como pensabas (o como decías), tanto como si llevas tanto programando que empiezas a estar ya saturado, existen opciones como:

  • Gestión.
  • Testing.
  • Calidad.
  • Analista
  • Analista funcional
  • Escritor técnico/documentación
  • Implantador de software.
  • Ventas

En muchos de estos roles, encontrar gente realmente conocedora de los entresijos de hacer software, es muy difícil. Así que ¿porqué no aprovechar tu experiencia y conocimientos adquiridos en algo más? ¿No es eso mejor que quedarse estancado en tu carrera, siguiendo con una programación que realmente nunca te gustó, o dejó de hacerlo hace mucho?

Y tú…¿todavía quieres ser programador?

Deloitte University

Pues ya hemos vuelto de Texas, y en realidad a pesar de mi entrada anterior, la Deloitte University estaba más propiamente en WestLake, no en Dallas. De hecho, estábamos tan al norte, que el famoso desastre de los tornados en Oklahoma nos afectó y bastante. Pero bueno, eso ya es otra anécdota.

Sobre el evento, he de comentar varias cosas:

  • Formación. El enorme esfuerzo que se hace en las compañías americanas en formación. En este lugar privilegiado no sólo había directores, gerentes y responsables en general (por algo le llaman el Leadership Learning Center), sino que cantidades ingentes de nuevos y jóvenes empleados (auténticos yogurines de apenas 20 o 23 años), llegaban a cientos a este centro formativo.
  • Lujo, belleza y tecnología. Los mejores materiales, un cuidado diseño que hace pensar que estamos en un hotel de cinco estrellas en lugar de un centro formativo, eso sin olvidar que hay un cyber-center donde cualquier cosa que necesitemos, está a nuestra disposición para comprar: iPhones, iPads, portátiles, otros móviles, adaptadores, cables, etc, etc. Wi-fi gratis en todo el complejo, incluyendo la conexión inmediata de los empleados al usar sus portátiles o móviles de empresa.
  • Gourmet ¿Alguien tiene hambre? Es difícil salir de este centro formativo sin unos kilos de más. Salas repletas de comida de todo tipo se reparte por las 5 plantas del complejo de habitaciones. Pensado para los que no tienen tiempo para bajar, o simplemente quieren picar algo sin alejarse de la habitación. Después, los restaurantes con buffet o los múltiples espacios para picar habilitados junto a las salas de formación, hacen que el día se pase sin sentir (salvo en el estómago!).
  • En forma. Para compensar lo anterior, existe un gimnasio gigantesco: DTFit. En este lugar podemos encontrar desde decenas y decenas de máquinas de todo tipo, gran cantidad de actividades diarias programadas para que nadie tenga que aburrirse por su cuenta, hasta un exterior de varias hectáreas de terreno verde con árboles y muy cuidado para facilitar el running. Doy fe: no es extraño ver a la gente corriendo por las distintas pistas, especialmente a primera hora de la mañana o por la tarde.
  • Relax. Un exterior cuidado, con árboles, pistas verdes, zonas ajardinadas con iluminación nocturna, un lago con aves, tortugas, peces…
  • Sostenido. Un equipo de alrededor de 200 personas cuidan y mantienen el complejo: seguridad, camareros, cocineros, jardineros, mantenimiento, dependientes, limpieza, etc.

Así que tras este ajetreo, me pongo a pensar en lo importante que es la formación, y lo importante que es cuidar a los empleados. La mentalidad de que para rendir como los mejores, hay que invertir en nuestros empleados dándoles lo mejor, puede ser chocante. Pero no debería ser así, ¿verdad?

Nos vemos en Dallas

Bueno, aprovecho un breve hueco para comentar que estaré en Dallas (Texas, USA) la semana del 20 de Mayo, más concreto en la Deloitte University, recibiendo formación.

Y bueno, a ver si da algo de tiempo para ver alguna cosa, aunque viendo la programación del curso, me temo que veré muy pero que muy poco de Dallas.

Me parece una oportunidad increíble para aprovecharla en muchos sentidos:

  • Un viaje al extranjero. Oportunidad de practicar (aún más) el idioma cara a cara.
  • Un curso de formación. Aclarar dudas es fundamental para hacer las cosas bien.
  • Una formación a la americana. La forma de llevar los cursos en otros países es mucho más participativa, y a pesar de que inicialmente puedas pensar que distraen, la realidad es que es al revés: te involucras mucho más y se asientan los conocimientos mucho mejor.
  • Participar activamente en las políticas de calidad de una empresa, ser partícipe de muchas cosas que nos involucran después en el día a día, como son las metodologías de trabajo, plantillas. entregables…

Nos vemos en Dallas.
Un cordial saludo